Altamar Ceramic Studio

El estudio

Altamar Ceramic Studio fue fundado en Lima en 2017 por el ceramista Nagib Zariquiey, en colaboración con su madre, Diana Morcos. El estudio nació como un espacio de exploración material, impulsado por una sensibilidad hacia el mar como fuerza transformadora y fuente constante de observación.

Una de las áreas centrales del estudio es el desarrollo de superficies y esmaltes que dialoguen con lo geológico, lo orgánico y lo ancestral. A lo largo del tiempo, Altamar ha construido una paleta material que incluye esmaltes volcánicos con texturas erosionadas, esmaltes cristalinos que revelan patrones espontáneos y destellos minerales, y vidrios formulados a partir de cenizas recolectadas en distintos ecosistemas del Perú. Cada línea de investigación nace del deseo de construir un lenguaje matérico que sea tanto visual como táctil, y que conecte el objeto con el paisaje.

El taller funciona como un laboratorio en permanente ensayo, donde el estudio técnico de los materiales convive con la intuición, el error y la observación paciente. Más que perseguir resultados exactos, se busca permitir que los procesos hablen: cada pieza es también una forma de registro, una evidencia de las fuerzas que la formaron.

Nagib Zariquiey

Nagib Zariquiey

Nagib Zariquiey es ceramista, diseñador y director de Altamar Ceramic Studio. Su práctica se sitúa en la intersección entre arte, diseño y oficio, y está atravesada por una investigación material rigurosa y una dimensión afectiva profunda. A través del torno, el modelado manual y la formulación de esmaltes, construye objetos que buscan funcionar como puentes hacia lugares que para él son templos: espacios que albergan memorias de infancia, vínculos familiares, momentos compartidos con su madre, su abuela, y con ese niño interior que todavía juega entre el mar y la tierra.

Cada pieza es una forma de recuerdo. Un intento de escuchar, como en un caracol, lo que el mar aún tiene por contar. En sus objetos conviven lo tradicional y lo deconstruido: formas contenidas y gestos libres, superficies pulidas y texturas erosionadas. Esta tensión nace de una búsqueda constante por habitar la transformación, por desdibujar los bordes entre lo funcional y lo simbólico, lo normado y lo íntimo. Su trabajo está influenciado por el paisaje del litoral peruano, los procesos naturales y una sensibilidad que abraza la fluidez, la contradicción, la ternura y la fuerza como elementos que informan tanto la forma como el gesto.

Diana Morcos

Diana Morcos

Diana Morcos es fundadora del taller y escultora ceramista. Su trabajo nace de una memoria precisa: el mar de Puerto Lomas, en Arequipa, donde creció mientras su padre trabajaba en la pesca artesanal.

Para ella, el mar no es un paisaje, sino una experiencia física. Un entorno que permanece activo en su manera de observar, de construir y de entender la materia.

A partir de técnicas manuales, desarrolla formas que evocan organismos marinos: superficies porosas, estructuras tubulares y crecimientos irregulares que se acumulan y se dispersan siguiendo una lógica orgánica, ajena a cualquier intención decorativa.

Sus piezas operan como fragmentos de un ecosistema en expansión —corales, colonias, cuerpos vivos—. Más que representar, construyen: son extensiones de ese mundo submarino, recreado desde la materia, como un gesto continuo de conexión con el mar.